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Crywank y la dichosa dulzura de un evento en vivo

Eran las cuatro de la mañana. Awonawilona y Dziga, de Adultos Raros, ya se habían dormido, James, vocal de Crywank se había ido a algún otro lugar junto a una chica con la que ya llevaba toda la noche platicando, y Dan (baterista de Crywank), Colm (vocal de Rosseau) y yo estábamos comiendo gringas y queso fundido con hongos en un Airbnb, pues Dan y James son vegetarianos, aunque James dijo que sí comía carne, pero sólo en México (nadie se resiste a los tacos). No diré de donde fueron los tacos, pues es una taquería que yo llamo fresona. No son lo verdaderos tacos que se deben comer a las cuatro de la mañana saliendo del antro o de la tocada, pero sí eran los tacos abiertos y con servicio a domicilio que necesitábamos después de una gran tocada y muchas cervezas y mota.

La noche empezó temprano, llegué al bizarro desde mi trabajo como a las 9, ya había bastante gente. La primer banda se preparaba para salir, mientras los crywank estaban bebiendo y hablando con uno que otro fan que tímidamente se les acercaba. Se subió Adultos Raros al escenario, y entonces en verdad comenzó la noche. Empecé con un trago de Vodka and Tonic, como lo bebemos en la familia, y poco a poco el noise de Adultos Raros me fue consumiendo en un aura de dolor y placer que sólo pocas cosas lo consiguen hacer. La explosiva combinación de sólo una batería y una guitarra distorsionada en loop azotaron las paredes y reventaron el espacio.

Su música se movía como una montaña rusa, con momentos noisy y otros momentos tranquilos pero desgarradores. Sus letras fuertes y dolorosas, en momentos de gritos y en momentos de voz suave. Eso fue uno de los factores que me encantaron del evento, la cantidad de energía que desde Adultos Raros transmitieron con sólo una guitarra, una batería y la voz humana cantando sobre dolores humanos. Antes del evento jamás había escuchado de Adultos Raros, y debo admitir que me dolió cuando dijeron que quizá sería la última vez que tocaban en la CDMX pues el guitarro es de Morelia y el baterista de Torreón. Deben volver, quiero volverme fan de ellos y poder asistir a todas sus tocadas.



Bajaron del escenario y yo fui ahora por una cerveza. Se subió Colm de Rosseau junto a Dan, y al presentarlo admitió que jamás habían tocado ni ensayado las canciones de Rosseau juntos, esa presentación sería la primera vez. Colm agradeció al staff, al venue, al organizador y a quien le prestó la guitarra con la que estaba tocando. Entonces comenzó tocando un arpeggio con tapping, un delicioso math rock salió del amplificador y Dan observando atentamente su ejecución, comenzó a tocar en el momento exacto. Se volvió tan natural el diálogo entre la batería y la guitarra, que cualquiera podría jurar que no era su primera vez tocando juntos, es de esperarse de músicos con tal trayectoria. El Bizarro se llenó de la nostalgia de cada arpeggio que tocaba Colm, y su voz angelical nos daba una razón para mover la cabeza al ritmo de la batería y llorar hacia dentro. En la última canción, Dan se bajó del escenario; todos lo despedimos.

Colm cambió su guitarra a una acústica y comenzó a tocar. Una canción hermosa, que te pegaba en lo más profundo del estómago. James comentará después del concierto que esa canción lo hizo llorar ahí mismo. Claro que agregué a Rosseau a mi lista de bandas favoritas para llorar en las noches de fiebre y los días de lluvia.